martes, 5 de mayo de 2015

Ballet Romántico

El Romanticismo en ballet nació en París en noviembre de 1831. Durante la representación de la ópera Robert le Diable de Meyerbeer, que incluía un ballet en el que los fantasmas de unas monjas salían de sus tumbas y bailaban Le valse infernale a la luz de la luna. La iluminación que simulaba la luz de la luna, inédita hasta entonces, tuvo tal éxito que el tenor Adolphe Nourrit, que cantaba el papel del conde Robert, escribió un ballet de ambiente sobrenatural,La sílfide, y se lo ofreció a Filippo Taglioni, el coreógrafo de Le valse infernale. Su hija, Maria Taglioni estrenó La sílfide el 12 de marzo de 1832. Fue el primer gran ballet romántico.
Pero el ballet romántico por excelencia es Giselle (1841). Representa los ideales del movimiento romántico: fantasía, clima legendario, misterio, redención por el amor, fatalidad, idealismo. La bailarina es el centro absoluto del ballet, pálida y etérea, encarnando la nostalgia y la melancolía, vestida con vaporosas muselinas y coronada de flores del campo. El bailarín quedó reducido a simple porteur (portador) poniendo de relieve la gracia y delicadeza de su pareja.


El ballet romántico también establece un nuevo concepto escénico: la estructura en dos actos, el primero realista, terrenal, alegre, lleno de luz, en el cual una aldeana siente la llamada del amor. El segundo acto, irreal y misterioso - ballet blanco - se desarrolla por lo general a la luz de la luna, en un bosque poblado de seres sobrenaturales, y en él la heroína simboliza el espíritu puro que su amado no puede alcanzar, el amor insatisfecho e inalcanzable que perdura más allá de la tumba.

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